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La danza oriental es un trabajo interior y exterior de técnica pero también de identidad y de espiritualidad. Bailando esta danza no podemos dejar de darnos cuenta de los cambios que provoca en nuestro cuerpo y espíritu. La mujer que la practica se aproxima a su identidad, liberando y tomando conciencia del propio cuerpo y la mente. Todo a menudo nos encontramos que redescubrimos nuestra sensualidad.
Físicamente la danza oriental estimula la circulación sanguínea, libera endorfinas, mejora el tono muscular de todo el cuerpo y en especial la zona pelvica, de_gran_importància para las mujeres, puesto que, con el trabajo muscular se pueden paliar dolores menstruales, trastornos relacionados con la menopausia o facilitar el parte. En esta danza se trabaja muy la postura y el equilibrio corporal que nos ayuda a adquirir fuerza a la pelvis y a abrir el plexo solar estirando así las vertebras. Poco a poco se adquiere una actitud relajada pero abierta por recibir y dar energía.

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